dissabte, 28 de març de 2009

La novena fosa, las serpientes



Desde lo alto del puente descendimos
donde se cruza con la octava orilla,
luego me fue la bolsa manifiesta;

y yo vi dentro terrible maleza
de serpientes, de especies tan distintas,
que la sangre aún me hiela recordarlo.

Más no se ufane Libia con su arena;
que si quelidras, yáculos y faras
produce, y cancros con anfisibenas,

ni tantas pestilencias, ni tan malas,
mostró jamás con la Etiopía entera,
ni con aquel que está sobre el mar Rojo. (...)

De pronto a uno que se hallaba cerca,
se lanzó una serpiente y le mordió
donde el cuello se anuda con los hombros.

Ni la O tan pronto, ni la I, se escribe,
cual se encendió y ardió, y todo en cenizas
se convirtió cayendo todo entero;

y luego estando así deshecho en tierra
amontonase el polvo por sí solo,
y en aquel mismo se tornó de súbito.

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