dimecres, 25 de març de 2009

Anteo el gigante libre




Dimos la espalda a aquel mísero valle
por la ribera que en torno ciñe,
y sin ninguna charla lo cruzamos.

No era allí ni de día ni de noche,
y poco penetraba con la vista;
pero escuché sonar un alto cuerno,

tanto que habría a los truenos callado,
y que hacia él su camino siguiendo,
me dirigió la vista sólo a un punto. (...)

Y él me repuso: “A Anteo ya verás
cerca de aquí, que habla y está libre,
que nos pondrá en el fondo del infierno.

Aquel que quieres ver, está muy lejos,
y está amarrado y puesto de igual modo,
salvo que aún más feroz el rostro tiene.” (...)

“Oh tu que en el afortunado valle
que heredero a Escipón de gloria hizo,
al escapar de Aníbal con los suyos,

mil leones cazaste por botín,
y que si hubieses ido a la alta lucha
de tus hermanos, hay quien ha pensado

que vencieran los hijos de la Tierra;
bájanos, sin por ello despreciarnos,
donde al Cocito encierra la friura. (...)

Así dijo el maestro; y él deprisa
tendió la mano, y agarró a mi guía,
con la que a Hércules diera fuerte abrazo.

Virgilio, cuando se sintió cogido,
me dijo: “Ven aquí, que yo te coja”;
luego hizo tal que un haz éramos ambos. (...)

Mas levemente al fondo que se traga
a Lucifer con Judas, nos condujo;
y así inclinado no hizo más demora,
y se alzó como el mástil en la nave. (...)

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