dimarts, 27 de gener de 2009

Caronte el barquero



Y él repuso: “La cosa he de contarte
cuando hayamos parado nuestros pasos
en la ribera triste de Aqueronte.”

Con los ojos ya bajos de vergüenza temiendo molestarle con preguntas
deje de hablar hasta llegar al río.

Y he aquí que viene un bote hacia nosotros
un viejo cano de cabello antiguo,
gritando: “Ay de vosotras, almas pravas!

No esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo a llevaros hasta la otra orilla,
a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego.

Y tú que aquí te encuentras, alma viva,
aparta de éstos otros ya difuntos.”
Pero viendo que no me marchaba,

Y el guía a él: “Caronte, no te irrites:
así se quiere allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.”(...)

Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa.(...)

La gran entrada al infierno



Y él repuso: “La cosa he de contarte
cuando hayamos parado nuestros pasos
en la ribera triste de Aqueronte.”

Con los ojos ya bajos de vergüenza temiendo molestarle con preguntas
deje de hablar hasta llegar al río.

Y he aquí que viene un bote hacia nosotros
un viejo cano de cabello antiguo,
gritando: “Ay de vosotras, almas pravas!

No esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo a llevaros hasta la otra orilla,
a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego.

Y tú que aquí te encuentras, alma viva,
aparta de éstos otros ya difuntos.”
Pero viendo que no me marchaba,

Y el guía a él: “Caronte, no te irrites:
así se quiere allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.”(...)

Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa.(...)

El juez Minos




Así bajé del círculo primero
al segundo que menos lugar ciñe,
y tanto más dolor, que al llanto mueve.

Allí el horrible Minos rechinaba.
A la entrada examina los pecados;
juzga y ordena según se relíe.

Digo que cuando una alma mal nacida
llega delante, todo lo confiesa;
y aquel conocedor de los pecados

ve el lugar del infierno que merece;
tantas veces se ciñe la cola,
cuantos grados él quiere que sea echada.

Siempre delante de él se encuentran muchos;
van esperando cada uno su juicio,
hablan y escuchan, después las arrojan. (...)

Ahora comienzan las dolientes notas
a hacérseme sentir, y llego entonces
allí donde un gran llanto me golpea. (...)